
Perpetúas un gemido
en la desembocadura.
En la cresta
cortas la espuma
con efímero canto.
El viento anuncia celo.
Quédate aquí, quieto.
Robándole formas
al ondulante espejo,
imitando memorias
con lengua de fuego.
Serpenteando mi cuello
con algas de fuego.
¡No te muevas!
dibújate en mi ojos quimeros,
encréspate en el murmullo
de mi memoria
y déjame rozarte
con mis cimas,
caderearte en el vaivén marino
y sumergirte en la pasión que invento.
Me voy ya.
Regresaré, regresarás...
cuando te nombre de nuevo.
AMC